Inteligencia emocional y prevención de recaídas: el arte de manejar el malestar
Inteligencia emocional y prevención de recaídas: el arte de manejar el malestar. La adicción altera el cerebro. Daña las áreas del cerebro que se encargan de las recompensas y del estrés. Por eso, mantenerse sobrio depende de cómo se gestionan las emociones. Depende de la capacidad para superar las frustraciones sin recurrir a una sustancia.
La parte difícil no es la desintoxicación. La desintoxicación es el primer paso. Lo difícil empieza semanas o meses después. Ocurre cuando el entusiasmo inicial se desvanece y la vida cotidiana vuelve con todos sus viejos problemas. Es importante enfrentarse al estrés, al aburrimiento, a las discusiones y al cansancio cada día. Si no se dispone de herramientas para lidiar con estos sentimientos, es probable que se vuelva a consumir.
Inteligencia emocional
Para solucionar un problema, tienes que saber cuál es el problema. La misma regla se aplica a las emociones. A muchas personas que luchan contra la adicción les cuesta identificar lo que sienten. Hay un término para esto: alexitimia, que significa que no puedes analizar ni hablar de tus emociones.
Una persona con este problema puede sentir un gran peso en el pecho. Puede sentir un nudo agudo en el estómago. Pero no puede decir si ese sentimiento es miedo, tristeza o ira. Solo sabe que se siente mal.
Cuando no se puede poner nombre al dolor, asusta. El cerebro siente una angustia difusa y quiere detenerla de inmediato. Para un cerebro adicto, la solución más rápida es la sustancia. La droga se consume como analgésico para adormecer los malos sentimientos.
Los programas de tratamiento modernos dedican mucho tiempo a enseñar a las personas a identificar sus emociones. Los terapeutas ayudan a los pacientes a tomarse un respiro y a encontrar palabras para expresar sus sentimientos. Cuando se es capaz de mirar un sentimiento negativo y hablar sobre él de forma concreta, se creará una pequeña pausa en la mente. Esa pausa da tiempo para tomar una decisión segura en lugar de actuar por impulso.
Comprender tus desencadenantes
En la recuperación, las trampas se denominan desencadenantes. Un desencadenante es cualquier estado interno o estímulo externo que desencadena un deseo neuroquímico por el abuso de sustancias
Cuando se consumen drogas o alcohol durante mucho tiempo, tu cerebro establece conexiones sólidas. Se crea un vínculo entre el entorno y la recompensa química. Estos desencadenantes provienen tanto del exterior del cuerpo como del interior de la mente.
Estímulos externos: factores ambientales como personas relacionadas con el consumo, ubicaciones geográficas específicas, objetos físicos o incluso momentos específicos.
Señales internas: estados biológicos o psicológicos. Emociones como la frustración, el aburrimiento, la euforia, la soledad o el dolor físico.
Las exploraciones cerebrales muestran que estos desencadenantes afectan al sistema nervioso en milisegundos. El cerebro registra un antiguo desencadenante incluso antes de que la mente consciente se dé cuenta. El ritmo cardíaco cambia y el cerebro empieza a exigir la sustancia antes de que se pueda siquiera pensarlo. Por eso se debe hacer una lista clara de tus desencadenantes personales. Es importante saber qué es lo que nos puede hacer recaer para protegernos.
La lista de control H.A.L.T.
La mente y el cuerpo funcionan juntos. Cuando el cuerpo está débil, tu mente pierde la capacidad de resistir los impulsos. Para ayudar a las personas a controlar su estado físico, los médicos y los grupos de recuperación utilizan una sencilla lista de control llamada H.A.L.T. Son las siglas en inglés de hambre, ira, soledad y cansancio.
Si de repente se siente un fuerte impulso de consumir, es vital dejar lo que se esté haciendo y comprobar estos cuatro aspectos:
Hambre
El cerebro necesita energía para funcionar. Concretamente, la parte frontal de tu cerebro necesita el azúcar de los alimentos para controlar los impulsos y tomar decisiones acertadas. Si se pasan demasiadas horas sin comer, el nivel de azúcar en sangre desciende. Esta bajada hace temblar, sudar y sentir ira. El cerebro percibe este estrés físico y lo confunde con un deseo de consumir drogas. Comer con regularidad mantiene el cerebro lo suficientemente fuerte como para mantener el autocontrol.
Ira
La ira es una emoción muy peligrosa durante la recuperación. Suele actuar como un escudo para ocultar otros sentimientos. Bajo una ira intensa, las personas suelen sentir miedo, vergüenza o un profundo dolor. La ira llena el cuerpo de hormonas del estrés, como la adrenalina. Hace que el corazón lata rápido e impide pensar con claridad. Cuando se está enfadado, no se consideran las consecuencias de nuestros actos. Es indispensable aprender a hablar de las necesidades para calmar esta ira.
Soledad
Cuando una persona se aísla durante mucho tiempo, la química de su cerebro cambia. Los estudios sobre el cerebro demuestran que la soledad afecta exactamente a las mismas partes del cerebro que gestionan el dolor físico. Cuando una persona se queda a solas con sus pensamientos, la mente empieza a contarle mentiras. Se necesita un grupo seguro de amigos, familiares o terapeutas para romper este aislamiento.
Cansancio
La falta de sueño disminuye la capacidad para controlarnos. Cuando se está agotado, el cerebro no puede pensar en los riesgos futuros. Solo quiere una solución fácil para sentirse mejor de inmediato. Un cerebro agotado casi siempre elegirá el camino más fácil, aunque ese camino sea peligroso. Descansar adecuadamente es un requisito médico imprescindible para mantenerse sobrio.
Cómo superar un los impulsores
La mayoría de las personas que luchan contra la adicción quieren que las cosas cambien al instante. Sus cerebros se han acostumbrado a obtener grandes recompensas químicas en pocos segundos. Por eso, les cuesta mucho lidiar con la frustración. Quieren que las sensaciones incómodas desaparezcan de inmediato.
Durante mucho tiempo, los métodos de recuperación aconsejaban a las personas que resistieran sus impulsos. Les decían que apartaran esos pensamientos. Pero la psicología demuestra que, cuando luchas contra un pensamiento, este en realidad se hace más grande y más intenso. Los terapeutas utilizan un nuevo método, en lugar de luchar contra el impulso, se aprende a atravesarlo utilizando la respiración.
Los datos muestran que el impulso de consumir drogas no sigue creciendo indefinidamente. Se comporta exactamente como una ola del mar. Empieza siendo pequeña, va ganando fuerza y alcanza un pico de máximo malestar.
Este pico suele producirse entre 10 y 15 minutos. Este es el momento en el que se sienten más ansiedad, pánico y malestar físico. La ciencia demuestra que si se respira lenta y profundamente y simplemente se observan las sensaciones del cuerpo, el deseo pierde su poder. Se desvanece por sí solo al cabo de unos minutos.
Cada vez que se supera una oleada sin consumir, se reeduca al cerebro. Es una muestra de que las sensaciones desagradables siempre pasan. Se aprende que el cuerpo puede soportar la incomodidad sin necesidad de que una sustancia nos salve.
Conclusión
Mantenerse sobrio no es algo que se hace una sola vez. Es un hábito diario. Significa que se tiene que aceptar que a todo el mundo le tocan días malos, dolor y frustración. Estos sentimientos son una parte normal del ser humano. No son una emergencia, ni una excusa para volver a consumir.
La verdadera sobriedad no consiste solo en contar los días en un calendario. Se trata de tener paz mental. Se trata de tener la libertad de elegir el próximo paso en lugar de dejar que un impulso controle la vida.
